
Qomanda
El software de reservas que usan nuestros restaurantes lo hemos construido nosotros: producto propio, de la base de datos al motor público.
Llevamos años haciendo webs para restaurantes, y desde ese lado se ve una cosa: el restaurante llena por su cocina y por su barrio, y aun así la reserva pasa por una herramienta que no controla y cuyo precio no conoce hasta que llama a un comercial. En algún momento dejas de recomendar la de otro y construyes la tuya. Lo incómodo es que entonces el cliente exigente eres tú.

Este caso no se parece a ninguno de los que hay en esta página. En todos los demás hay alguien que nos encarga algo. En este, el cliente somos nosotros.
Qomanda es software propio. Lo construyó Alture, lo mantiene Alture y quien responde por él es ALTURE DIGITAL, S.L. No es la herramienta de otro con nuestro nombre encima, ni una integración: es producto, de la base de datos al motor público, con la pasarela de pagos en vivo y el muro de suscripción encendido.
La idea no salió de un informe de tendencias. Salió de estar dentro. Llevamos años haciendo la web y el marketing de restaurantes, y desde ahí se ve un patrón que desde fuera no se aprecia: locales que llenan por su cocina y por su barrio, reservas que entran por un portal ajeno —que ficha al comensal como cliente suyo y no del restaurante— y software cuyo precio no conoces hasta que hablas con un comercial.
Cuando el problema que ves todos los días no lo resuelve bien nadie, o sigues recomendando la herramienta de un tercero o construyes la tuya.

Un precio escrito y un motor que es tuyo
Qomanda no compite por comisión, compite por claridad: 49 € al mes por restaurante (IVA aparte), escrito. En la home, en la página de precios y en la comparativa. Sin «solicita presupuesto», sin comercial de por medio, sin permanencia, con treinta días de prueba y sin tarjeta. Un precio publicado es un precio que te obliga a que el producto lo valga.
Y el comensal es del restaurante. El motor de reservas se incrusta en la web del propio local con un iframe, en doce idiomas con autodetección: la reserva entra por su dominio, con su marca y sus colores. Detrás, un back-office para la sala —la vista Día, con la lista del servicio, el plano en vivo y el cronograma mirando la misma reserva, más CRM y analítica. Todo sobre Next.js 16 y React 19, con Supabase por debajo: 42 tablas y las 42 con seguridad a nivel de fila, de modo que el aislamiento entre restaurantes no depende de que la aplicación se acuerde de aplicarlo.
Una reserva puede estar en quince estados distintos, porque una sala real no cabe en «confirmada» y «cancelada»: hay llegada, llegada en barra, sentada, postre, cuenta solicitada, limpiar. Y los catorce alérgenos de la lista europea van en la ficha del comensal, porque en un producto así una alergia mal leída no es una cuestión de gusto.
La web de marketing, por cierto, nació oscura y acabó migrando al mismo lenguaje visual claro que ya usaba la aplicación. El documento que rige esa migración mapea cada color por el papel que cumple —fondo, borde, acento— y no por su tono, para que nada se rompa al cambiar de familia. Y las capturas que se ven en la web son la aplicación real, no un montaje.
Reservas es la primera pieza, no la única. Encima ya está construido el módulo de comandas y TPV —comanda por QR, pantalla de cocina, escandallo, stock y facturación encadenada— que hoy se concede caso a caso: un TPV que emite facturas no es algo que deba encenderse solo con un interruptor, y hace falta que Alture otorgue el derecho en la propia base de datos además de que el restaurante lo active.
La dirección es esa: un ecosistema completo para la sala, todo sobre el mismo dato y bajo el mismo panel, en lugar de cuatro herramientas de cuatro proveedores que no se hablan entre ellas.






Las decisiones que no se ven
Un software de reservas se juzga por lo que hace cuando nadie mira.
El aforo lo decide la base de datos, no la aplicación. Una sola función SQL toma un bloqueo por restaurante y fecha, revisa aforo y mesa e inserta la reserva dentro de la misma transacción, con un disparador encima que rechaza cualquier solape aunque la reserva entre por otro camino. Dos comensales que pulsen a la vez no pueden ocupar el mismo hueco, y no porque la aplicación se acuerde de comprobarlo: porque la base no deja.
El dinero de las fianzas no pasa por nosotros. Las garantías contra el no-show van por Stripe Connect con cargos directos: la cuenta es del restaurante y el cobro cae en su balance. Qomanda no retiene fondos en ningún momento.
Silencio no es éxito. Cada tarea programada estampa un latido y un vigilante horario avisa si alguna se calla. Importa porque unos recordatorios que dejan de salir no producen ningún error visible: producen no-shows, y de eso te enteras el sábado por la noche.
Un impago no secuestra los datos. Las exportaciones de reservas, clientes y facturas están a propósito fuera del muro de pago, y el motor público sigue aceptando reservas catorce días después de que caduque la suscripción: un cobro fallido no puede cortarle las reservas a un restaurante en silencio.
El panel no se indexa; el motor sí. La web de marketing publica veintiuna rutas por idioma, español e inglés, cada una con su canonical propio y su hreflang, y las comparativas citan sus fuentes con enlace y fecha. El back-office, en cambio, va bloqueado entero a los buscadores, mientras que el motor de reservas de cada restaurante se indexa con sus datos estructurados. Son cosas distintas y se tratan como tales.
Y una regla de interfaz que es de Alture antes que de Qomanda: lo que todavía no gobierna nada se marca «Próximamente» en lugar de enseñar un visto verde falso. Hay una pieza del sistema de diseño hecha solo para eso.
Construir producto propio obliga a algo que un encargo no obliga: a vivir dentro de tus decisiones. Cuando la herramienta que recomiendas es la tuya, dejas de diseñar pantallas y empiezas a diseñar cosas que aguanten un sábado a las nueve y media.
Y eso es exactamente lo que se lleva quien nos encarga una aplicación: no una agencia que ha leído sobre multi-tenencia, cobros recurrentes o aislamiento de datos, sino una que los tiene funcionando en producción, con su propio nombre en la factura.
Más proyectos

Ricardo Martínez
El sumiller que creía no tener ni una visita y en realidad tenía tres webs peleándose entre ellas.

Alojamientos Alpujarra
Dos casas rurales de lujo, un pueblo de la Contraviesa y una forma de poesía cantada que casi nadie conoce.

Convirtamos tu visión en facturación
Helena está aquí para que tu experiencia con nosotros sea fluida y rentable desde el primer día. Escríbele cuando quieras — se encarga de que te sientas acompañado y respaldado en cada paso de tu crecimiento.

Helena Gorlat
Responsable de éxito de clientes
Trabajamos con empresas que quieren crecer y saben que deben invertir en ello.
Lunes a viernes: 9:00–14:00 y 16:00–19:00
Sábado: 10:00–13:00